
Aída Ponce Del Castillo: “La integración de la IA debe ir acompañada de una regulación laboral que proteja a los trabajadores”
En el tercer diálogo de la Fundació Ernest Lluch y el Ivie, el catedrático de la Universitat de València Javier Andrés y la investigadora del ETUI Aída Ponce Del Castillo analizan los efectos de la IA en el empleo
La inteligencia artificial está transformando la economía, el empleo y la generación de conocimiento, pero sus beneficios y riesgos no se están distribuyendo de forma automática ni heterogénea, según han destacado la investigadora del ETUI (European Trade Union Institute) Aída Ponce Del Castillo y el catedrático emérito de la Universitat de València Javier Andrés en el tercer diálogo del ciclo La revolución de la IA: dimensiones sociales y económicas, organizado por la Fundació Ernest Lluch y el Ivie. Los desafíos en el ámbito laboral de esta revolución tecnológica, marcada por la concentración del poder en pocas empresas, centraron el debate celebrado ayer en la sede de CaixaBank de Valencia.
Ambos ponentes coincidieron en que los beneficios de la inteligencia artificial en el empleo y el conocimiento dependerán de cómo se implante y se regule. Sin embargo, Ponce Del Castillo partía de una visión más pesimista ya que afirmó que el control de la IA por parte de un oligopolio de solo siete empresas en todo el mundo complica la regulación. “Los gobiernos no saben cómo funciona la IA y por tanto no tienen capacidad de supervisar tecnologías que desconocen. Además, el acceso a las empresas no es equitativa, requiere de mucha inversión, que las pymes no pueden afrontar ni mantener”, destacó. En este sentido, alertó también de que las empresas que sí pueden acceder a la IA no tienen una estrategia previa para adoptarla, no se hacen la pregunta básica de para qué la quiero, qué me va a aportar, por lo que, en ocasiones, los resultados obtenidos son muy limitados.
En este punto, el catedrático de la Universitat de València recordó una encuesta de 2025 en Estados Unidos que reconocía que solo el 5% de las empresas que habían hecho un gasto importante en la IA declaraban haber tenido un retorno. Sin embargo, su postura sobre la capacidad de regular la IA fue mucho más optimista y se mostró confiado en la posibilidad de acompasar la evolución tecnológica a la propia regulación de los gobiernos y en la capacidad de respuesta y de la sociedad ante los posibles riesgos.
En relación a los efectos concretos de la implantación de la IA en el empleo, Javier Andrés afirmó que estamos en una fase muy temprana para saber dónde afecta más la IA, pero sí sabemos que tiene un impacto importante en la composición del empleo, y, sobre todo de las tareas. Recordó que las revoluciones industriales anteriores han destruido puestos de trabajo, pero también han terminado creando más empleo del que eliminaron. Sin embargo, considera que la IA presenta dos diferencias importantes: la velocidad de adopción y su capacidad para afectar a trabajadores cuyo principal activo es el conocimiento.
Por su parte, Aída Ponce Del Castillo se mostró preocupada por cómo se está desarrollando la implantación de la IA en las empresas, en su opinión, sin integrar a los trabajadores en el proceso. “Las condiciones de trabajo, la autonomía, la integridad, la dignidad, la manera en que uno puede decir no, se ven afectadas por el uso de la IA en las empresas”, indicó. La investigadora de la ETUI afirmó que es necesario una regulación laboral para proteger al trabajador frente a la IA y recordó que la Comisión Europea tiene previsto presentar a final de año una propuesta de ley que pueda regular las relaciones laborales con la IA.
En su opinión, los posibles avances en productividad de la IA no se trasladan a los trabajadores ni en mejoras de salario, ni en reducción de horario, mientras que sí existen evidencias de la Agencia de Salud Laboral de Europa del aumento del estrés mental de los trabajadores al tener que utilizar esos sistemas sin saber para qué. Además, Ponce Del Castillo advirtió que las empresas están pidiendo a sus trabajadores senior que trasladen a la IA el conocimiento adquirido por su experiencia laboral, sin medir las consecuencias a largo plazo. “Ese conocimiento hay que regularlo también”, afirmó.
Para Andrés, la regulación de la IA es necesaria en el ámbito laboral, pero nuevamente confía en la capacidad de la sociedad para hacerlo y extraer los máximos beneficios para los trabajadores. El profesor confía en que la IA ayude, entre otras cosas, a seguir con la histórica reducción del horario laboral. “A principio de siglo XX la gente trabajaba más de un 30% de su vida útil, hoy dedicamos un 11%. La IA puede ayudar a que esto siga pasando, pero hay que ir acompasando los avances tecnológicos con el progreso social y la regulación para que no dejar caer a los perjudicados”.
En definitiva, Aída Ponce Del Castillo se mostró preocupada por la opacidad y la concentración del mercado de la IA en un reducido grupo de compañías porque limita la capacidad de las organizaciones y de los poderes públicos para evaluar y controlar sus efectos. Además, considera necesario abordar no solo la regulación de los productos de IA, sino también las relaciones laborales, la autonomía de los trabajadores y la responsabilidad sobre los resultados generados por estos sistemas. Sin embargo, Javier Andrés mostró una perspectiva más optimista, ya que confía que tendremos regulaciones que evitarán que la IA se convierta en un gran problema.
