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Solo cuatro sectores de la industria española logran mejoras en eficiencia energética que permiten reducir el consumo de energía por valor añadido e impulsar la competitividad
La sucesión de episodios recientes de inestabilidad en los mercados energéticos ha puesto de manifiesto la estrecha relación entre los costes de la energía y la competitividad de la industria. Aunque España ha logrado reducir su coste energético por unidad de valor añadido un 9,7% en el periodo 2008-2020, esta evolución no ha sido homogénea entre sectores ni responde necesariamente a mejoras en la eficiencia de los procesos productivos. La aparente mejora de la intensidad energética de la industria española se explica en gran medida por un cambio hacia actividades menos intensivas en energía, más que por avances reales en la eficiencia de los procesos productivos. El análisis desagregado por ramas revela que solo cuatro sectores -químico y petroquímico, productos textiles y cuero, equipos de transporte, y maquinaria- muestran mejoras atribuibles a ganancias en eficiencia energética. En España, la especialización en sectores de elevado consumo de energía y la brecha de costes frente a sus socios europeos plantean desafíos críticos. Por ello, la transición hacia un modelo basado en energías renovables, el impulso al autoconsumo y el despliegue de incentivos al ahorro energético son palancas clave para reforzar la resiliencia industrial.
